Type1 75mm SPG: ¿Por qué sigo comprando maquetas antiguas de Tamiya?

La caja que acaba de incorporarse al taller. Más de cuarenta años después de su lanzamiento, la Type 1 de Tamiya sigue despertando las mismas ganas de empezar una nueva maqueta.

Hay quien podría pensar que, con la enorme oferta de maquetas que existe hoy en día, resulta extraño seguir comprando kits diseñados hace cuarenta o incluso cincuenta años.

Sin embargo, hace unos días llegó al taller una nueva incorporación: la Japanese Type 1 Self-Propelled Gun (35095) de Tamiya. Mientras el proyecto principal que ocupa mi mesa permanece todavía bajo confidencialidad, voy aprovechando los ratos libres para limpiar piezas, preparar algunos subconjuntos y disfrutar de esos primeros pasos que siempre acompañan el comienzo de una nueva maqueta.

Y, como suele ocurrirme cada vez que abro una de estas cajas, volvió a surgir la misma pregunta: ¿Qué tienen estas maquetas para seguir resultando tan atractivas después de tantos años?

La respuesta, al menos para mí, no está en el número de piezas, ni en el nivel de detalle, ni en la cantidad de accesorios incluidos en la caja.

Está en otra parte.

Las maquetas clásicas de Tamiya poseen una cualidad que hoy echo de menos con frecuencia: dejan trabajar al modelista.

No intentan resolver todas las decisiones por él. No buscan impresionar únicamente por la complejidad del molde. Proponen una base sólida, bien pensada y agradable de construir, sobre la que cada uno puede aportar su interpretación, su documentación y su manera de pintar.

Paradójicamente, muchas de las maquetas actuales alcanzan un nivel de precisión extraordinario. Son auténticas demostraciones de ingeniería. Pero, en ocasiones, tengo la sensación de que el modelista acaba dedicando más tiempo a gestionar cientos de piezas diminutas que a pensar qué historia quiere contar.

Y eso, para mí, marca una diferencia importante.

Siempre he entendido el modelismo como una forma de interpretación. El kit no es el destino; es el punto de partida. Lo verdaderamente interesante comienza cuando decidimos qué queremos representar, cómo vamos a hacerlo y qué atmósfera queremos transmitir.

Quizá por eso sigo disfrutando tanto de estas viejas referencias de Tamiya. Porque me recuerdan una idea que intento no perder nunca de vista: una buena maqueta no es la que lo hace todo por el modelista, sino la que le invita a participar en la creación de la obra.

Seguramente dentro de unos meses esta Type 1 empezará a ocupar un lugar más visible sobre la mesa del taller. De momento, avanza despacio, entre ratos libres y piezas recién preparadas. Y no tengo ninguna prisa.

Al fin y al cabo, algunas de las mejores historias empiezan precisamente así: con una caja abierta, unas pocas piezas sobre la mesa… y muchas decisiones todavía por tomar.

Antes de la pintura, antes del envejecido y antes de cualquier efecto, llega una fase que siempre disfruto especialmente: construir la base sobre la que se desarrolla el resto del proyecto.

Todavía no hay color, ni historia, ni personajes. Solo plástico, unas cuantas piezas y muchas decisiones por tomar. Y quizá ahí resida buena parte del placer de empezar una nueva maqueta.

Las primeras piezas encajan con esa sencillez que siempre he admirado en las maquetas clásicas de Tamiya. Todo parece estar exactamente donde debe.

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